Sobre el arte de editar e incurrir dichoso en las erratas, entre otros menesteres de los libros, su gozo, su hechura y algunos ensayos sobre variopintos temas.
jueves, junio 21, 2007
El Colego de México no tiene expediente de Octavio Paz
El Colegio de México declaró la inexistencia de expediente alguno de Octavio Paz en sus archivos. Presenté recurso de revisión y el pleno del IFAI confirmó la respuesta, aun cuando la modificó. Maravillas de la transparencia, confirmó la respuesta modificada, pues nunca me dio acceso a la declaratoria de inexistencia, como señala la ley. Ahora deberé pedir la documentación que sobre Octavio Paz tenga en sus archivos administrativos, pues fue becario de El Colegio, por los buenos oficios de Alfonso Reyes, cuando Paz rondaba su treintañera existencia. Y tengo dos amparos contra resoluciones del IFAI. En fin, el principio de máxima publicidad es, como muchas cosas en México, buena intención. Paciencia...
Saldos, adelantos y derechos de autor
Contratar otra vez cada determinado tiempo, digamos cinco o siete años, los libros publicados, parece, en principio, bueno para el autor, pues recibe, de nuevo, un adelanto por sus regalías, pero en realidad es parte de la crisis editorial en la que vivimos. La defensa del cobro de regalías es buena, pero no a costa de condenar al olvido muchos libros. Según el bueno de Pareto, en realidad del doctor Juran, y su principio 80/20, regla casi religiosa para la venta de libros, se dice que el 20 por ciento del catálogo genera el 80 por ciento de las ventas. Lo que, en buen cristiano, significa que el 80 por ciento del catálogo genera el otro 20 por ciento. Todo, antes de internet (ai, para otros, ay!). Asintóticamente, sobre el eje del tiempo la venta de los libros tiende a cero. Ni modo. Pero al darle término a ese tiempo, cinco o siete años, lo no vendido debe convertirse en cero, y el único modo es el saldo, vender los libros a precio de costo, o incluso por debajo. Todo lo cual ha llevado a la pésima costumbre de querer vender rápido. No son, por desgracia, los autores quienes ganar, son los intermediaros (agentes literarios, les llaman en mi pueblo). Es como en el cine, a cambio de que algunos, muy pocos, ganen muchísimo, muchísimos se entusiasman con la posibilidad e intentan ingresar a las filas del cine, lo que logran muy pocos, para que uns pocos ganen muchísimo... La consecuencia es, de hecho, la poca o nula disponibilidad de viejos títulos, en general los mejores.
[Cambio detalles, andaba cantinflesco, bueno, más de lo normal]
[Cambio detalles, andaba cantinflesco, bueno, más de lo normal]
domingo, junio 10, 2007
El caballero de los domingos
Irving Wallace tituló así alguno de sus libros. Leí todos los libros de Wallace en mi adolescencia, pues todos estuvieron a mi alcance. Orfebre entretenido, previsible en gran medida. Como, en México, Luis Spota, a quien también leí, también casi completo, en esa época. Recordé el título del libro porque, me doy cuenta, me torno ese caballero de los domingos con respecto al blog. Recuerdo el libro de su hija sobre Carlos Castaneda. Cuenta una costumbre de Castaneda bastante tierna. Al final de su vida, Castaneda ya no leí libros, pues según él ya no lo necesitaba, y no lo necesitaba no porque supiera demasiado, lo cual seguro creía, sino porque ya no necesitaba el proceso mismo de leer. Con sólo dormir junto al libro podía hacerse de su contenido. ¡Eso es fetichismo por la letra impresa!
El sonido del pensamiento
Muchos años me dediqué a la traducción, a la difícil tarea de comprender... Traduce quien comprende, quien logra leer a profundidad un texto, culquier texto, y logra expresarlo en el propio idioma, al menos en mi caso. Traduje algunos gordos libros de filosofía. Como todo traductor, generé mal entendidos (errores, pues) memorables: tonterías. Hablo de cuando, además de la juventud y la curiosidad, había necesidad. Elementos, todos, casi imposibles de separar de la traducción. El mayor adelanto tecnológico, cuando dejé de traducir y me convertí en editor, fue una máquina eléctrica que compré en abonos y me pareció el paraíso mismo. ¡Cómo y cuánto hubiera trabajado con las computadoras!, ahora que la erudición es tan démodée, pues todo está a un paso de googlearlo, y no hay referencia ni cita, por oscura o críptica (bueno, quizás la crítica de Crescas a Aristóteles o algún cabalista portugués) que no ceda ante algunas horas de navegación transatlántica. Leí y dejaba que mis dedos pensaran, el sonido, entonces, del pensamiento, era el golpeteo de la máquina, de las letras al pegar en el papel para mancharlo con sus formas. ¿Typewriter?, le pregunta una juvenil editora al escritor octagenario. No sólo nunca había visto uno, no sabía lo que era, pensando en el linotipo. Todo a cuento porque he encontrado un sencillo programa que le da sonido de máquina de escribir, de typewwriter, a mi computadora, y lo he instalado y me he dedicado a pensar con los dedos como hacía muchos años no lo hacía. Ahora escribir es mucho más silencioso, el ruido ha dejado de ser parte pensar. Inútil del todo, pero harto nostálgico. Cuán accesorios y prescindibles resultan ciertos acompañantes del pensamiento: la pluma fuente, la máquina de escribir, el humo del cigarro... de cierto, la computadora, pero todavía no nos percatamos.
domingo, junio 03, 2007
Ezra Pound y el Dr. Atl
Leo los artículos y panfletos del Dr. Atl y recuerdo a Pound. Ambos cercanos a Italia, ambos fascistas, ambos antisemitas, ambos más nacionalsocialistas que otra cosa. ¿Por qué? Que grandes o pequeños artistas puedan ser personas pútridas, no hay duda. Que la inteligencia no significa sabiduría, también. Que el pensamiento mismo no impide el fanatismo, debiéramos estar ciertos. ¿Qué vieron en ese fascismo? No lo sé. Laughlin creó New Directions para que Pound tuviera donde publicar siempre. Después de la segunda guerra, luchó y trabajó para separar las ideas políticas de Pound de su poesía. Lo logró, desde luego. El Dr. Atl tuvo todos los honores esperados. Pintor volcánico, desde luego, escritor interesante. ¿Extravagancias? ¿Perversiones? Curioso, la esclavitud y el entonces nuevo mundo convivieron bastantes siglos, pocos, en verdad pocos se opusieron a ella. ¿Por qué nos sorprenden los casos de Pound y Atl, al menos, por qué me sorprenden y no lo hace el de Bartolomé de las Casas, por ejemplo?
Alfredo, corazón ¿de león?
Entrevista en El centro, periódico más o menos nuevo (digo, ¿cómo es nuevo un periódico?, mejor, ¿cuándo es nuevo un periódico?), realizada por J.A. Cruzado de la información, o algo parecido, me llamó. Santa madre de las apariciones misteriosas... pero más allá de las jaculatorias, paganas o no, mencioné la inexistencia del consejo que debía crearse por mandato de la ley del libro vigente, que precisamente por la inexistencia de ese consejo, el cual debía redactar el reglamento, ha quedado en la vacuidad. Vigente desde 2000. Como no hay reglas para su aplicación, todo mundo la cumple. A los pocos días la comisión permanente, ¡siete años después!, pidió a la SEP la creación del consejo. La nueva ley, vetada para efectos prácticos, deja tan patente el poder del congreso y de las leyes emanadas de él, que dice cómo enfrentar un incumplimiento parecido, si la sep no convoca al congreso, que convoque el conaculta.
El Fondo de Cultura Económica sigue sin dar la información solicitada. Pedí la correspondencia de uno de sus directores y dice que copiarla violaría derechos de autor, según resolución del IFAI, sobre la correspondencia de Alfonso Reyes. Pero es del todo distinto el caso. En el primero, Alfonso Reyes era autor, en el segundo, fue un funcionario público. En el de Alfonso Reyes huelga señalar mi desacuerdo, tan tamaño, que pedí amparo. He debido ampararme ya en tres ocasiones. La transparencia en México es bantante opaca, debo decir y harto, pero harto lenta. Cada vez que hay problemas, los cuales tienden a ser la norma, debo esperar de diez a doce meses la documentación.
De casualidad me entero de asunto harto curioso. ¿Quién construyó la bibliotecota? El consejo administrador del programa federal de construcción de escuelas, capfce para los cuates. ¿Qué otra obra hizo el sexenio pasado? El centro cultural bella época, del FCE. ¿Que comparten además del constructor? Las goteras, ambas construcciones tuvieron gorteras al poco de inauguradas.
La bibliotecota era una magnífica idea en cuanto a ser el centro de una red nacional de libros digitales. Pero todo es letra muerta... No nació muerta la bibliotecota, la mataron...
El Fondo de Cultura Económica sigue sin dar la información solicitada. Pedí la correspondencia de uno de sus directores y dice que copiarla violaría derechos de autor, según resolución del IFAI, sobre la correspondencia de Alfonso Reyes. Pero es del todo distinto el caso. En el primero, Alfonso Reyes era autor, en el segundo, fue un funcionario público. En el de Alfonso Reyes huelga señalar mi desacuerdo, tan tamaño, que pedí amparo. He debido ampararme ya en tres ocasiones. La transparencia en México es bantante opaca, debo decir y harto, pero harto lenta. Cada vez que hay problemas, los cuales tienden a ser la norma, debo esperar de diez a doce meses la documentación.
De casualidad me entero de asunto harto curioso. ¿Quién construyó la bibliotecota? El consejo administrador del programa federal de construcción de escuelas, capfce para los cuates. ¿Qué otra obra hizo el sexenio pasado? El centro cultural bella época, del FCE. ¿Que comparten además del constructor? Las goteras, ambas construcciones tuvieron gorteras al poco de inauguradas.
La bibliotecota era una magnífica idea en cuanto a ser el centro de una red nacional de libros digitales. Pero todo es letra muerta... No nació muerta la bibliotecota, la mataron...
domingo, mayo 20, 2007
Malosolores
Distraído o disperso, no sé bien, me la pasé buen rato buscando el origen de un olorcillo malo, desagradable, mínimo, en la casa mía. Levanté algunos enseres menesteres, hurgué, escudriñé, casi cedí a la tentación de limpiar algunas de sus partes, caminé a cuatra patas con la nariz abierta, y nada, el olorcillo andaba como en todos lados, presto a saltar, reacio a mostrarse. Recordé de pronto que horas antes, la panza de mi camiseta había recibido el golpe certero de un cierto líquido oloroso y molesto, usado contra algunas cepas malditas de hongos filatélicos. Caí en la cuenta, el olorcillo aquél, me seguía por donde iba pues era yo mismo quien lo portaba. Prefiero, al menos por hoy, no proponer moralejas, pues son demasiado obvias...
martes, mayo 15, 2007
Beatrice Ward
Leo a Beatrice Ward, quien defiende la transparencia de la tipografía. Extraordinaria en su trabajo tipográfico, compara la página con la copa del vino: entre menos notoria, mejor. ¿La tipografía es un arte? Desde luego, nos dice, en el mismo y exacto sentido en que la arquitectura lo es. ¿Han tenido esa sensación de orfandad ontológica, digamos, cuando al entrar en un edificio no se tiene la más pálida idea, después de voltear a diestra y a siniestra, dónde santos dispuso la escalera el cíclope arquitecto? O cuando después de andar por un edificio se detiene a quien pasa para preguntarle ¿cómo salgo de aquí? Páginas, algunas, con esa sensación. ¿Cómo leo esto?
Recibo libro para distribuir y finjo escandalizarme. No sólo carece de código de barras. El libro incluye un documental en DVD, pero ¡no lo dice en ningún lugar del libro!
Recibo libro para distribuir y finjo escandalizarme. No sólo carece de código de barras. El libro incluye un documental en DVD, pero ¡no lo dice en ningún lugar del libro!
Notoriamente improcedente
El Fondo de Cultura Económica, tan benemérito, me respondió a pregunta expresa por medio del Sistema de solicitudes de información que los datelles completos que solicitaba precisaban la fabulosa cantidad de 8000 fojas. Obediente como soy, pagué los cuatro mil pesos pedidos y esperé, si no contento, ansioso. Cuando recibí la información me mandaron menos de 2000 fojas y ninguna más explicación. Presenté, desde luego, recurso de revisión ante el IFAI, donde pedí la devolución del dinero y la investigación de tan extraño comportamiento. El pleno declaró notoriamente improcedente el recurso. Para el pleno solicitar la devolución del dinero pagado de más no era, bajo interpretación alguna posible, estar en desacuerdo con lo cobrado. Avatares del derecho, imagino. Presenté (bueno, mi abogado) amparo ante la justicia, como dicen. Me otorgaron el dicho amparo y le pidieron al IFAI aceptar el recurso, cosa que no hizo, sino que recurrió el dichoso amparo. El colegiado que estudió el tema les dijo, palabras mías, que era por demás obvio que quien solicita la devolución de un dinero pagado de más no está de acuerdo con lo cobrado, pues si estuviera de acuerdo, no solicitaría devolución. Ratificó el amparo y el FCE me devolvió mi dinero y el IFAi avisó al órgano interno de control por si hubiera dolo o mala fe. ¿Para qué tantas vueltas? ¿Cómo algo notoriamente improcedente puede generar tanta controversia? En México todos legislan y todos juzgan. Si el FCE dice que su archivo es archivo público, ¿no debiera probarlo? Si la SRE dice que fotocopiar daña los documentos, porque están encuadernados, ¿no debiera probarlo? ¿Tiene la capacidad legal el IFAI para dictaminar como obra la correspondencia del autor con la editorial y prohibir su reproducción, pese a que la propia ley del derecho de autor permite una copia privada? ¿Tiene sentido que, si pedí copías de todo el expediente de alguien al El Colegio de México me pidan ir para seleccionar lo que quiero copiar? La cantidad de pretextos para no entregar la información es delirante. Paciencia franciscana, imagino el antídoto.
jueves, mayo 10, 2007
Ensayo descriptivo
Será, ni duda cabe, manía completa, pero preferí Ensayo descriptivo a Tentativa de inventario como título de cierto texto traducido. Lo difícil es hacer que las palabras signifiquen, por ello escribir es titánico, como lo es traducir y corregir y editar. Nos rodea la estática, el blablablá, el nopoderdimiento... Hay libros, entonces, que son una errata completa. Donde dice [poner el libro completo] mejor guardemos silencio...
domingo, abril 29, 2007
El estilo es el lugar donde poso mi alma
Murió José Watanabe...
A veces tengo miedo de que la gente crea que yo hago pose de modestia, temo mucho eso. Y a veces tengo que dar la cara y no pasar por tan modesto, pero de verdad me incomoda mucho. Tal vez sea herencia paterna eso de tomar las cosas serenamente. Mira, una vez mi padre se sacó la lotería. Éramos muy pobres, vivíamos en la hacienda Laredo. Gracias a eso mis hermanos y yo pudimos estudiar. La noche en que mi padre se sacó la lotería nos sentó a todos alrededor de la mesa y nos dijo: "nos hemos sacado la lotería y a partir de mañana viviremos en Trujillo, ya no vamos a vivir acá". Lo dijo casi avergonzado de tener que decirlo, sin hacer ningún aspaviento. Y en mi familia todos somos muy parecidos. Cuando publico un libro, yo sé que íntimamente mi familia se alegra, pero nadie viene a decírmelo. Cuando publico un libro, tengo la actitud de un niño que ha hecho una travesura en la sala de su casa… [ver]
A veces tengo miedo de que la gente crea que yo hago pose de modestia, temo mucho eso. Y a veces tengo que dar la cara y no pasar por tan modesto, pero de verdad me incomoda mucho. Tal vez sea herencia paterna eso de tomar las cosas serenamente. Mira, una vez mi padre se sacó la lotería. Éramos muy pobres, vivíamos en la hacienda Laredo. Gracias a eso mis hermanos y yo pudimos estudiar. La noche en que mi padre se sacó la lotería nos sentó a todos alrededor de la mesa y nos dijo: "nos hemos sacado la lotería y a partir de mañana viviremos en Trujillo, ya no vamos a vivir acá". Lo dijo casi avergonzado de tener que decirlo, sin hacer ningún aspaviento. Y en mi familia todos somos muy parecidos. Cuando publico un libro, yo sé que íntimamente mi familia se alegra, pero nadie viene a decírmelo. Cuando publico un libro, tengo la actitud de un niño que ha hecho una travesura en la sala de su casa… [ver]
sábado, abril 21, 2007
Dos personas dos
Dos personas, dos, me han preguntado por mi silencio, tanto erratoeminente como libronotero. Dos, cual multitud, y para más señas españolas ambas, de la lejana tierra de Hispania. Agradezco a ambos dos, desde luego. ¿Recuerdan a Felipito de Mafalda? Me viene a mente la pregunta del Felipe al ira a la escuela: ¿por qué a mí me tocó ser como soy? Así. Me he dedicado a inventar de nuevo la editorial, pues hay que inventarla siempre porque las cuentas nunca salen y los libros se venden poco, y me ha nacido o renacido una pasión filatélica insospechada y otra por los exlibris y una más por la república checa y más y más por George Perec, y por Joe Brainard y por David Markson y por la jardinería china y, desde luego, por James Laughlin, quien se quejaba de que publicaba, al parecer, para nadie. Luego, la transparencia se torna, para mí, algo turbia, y he debido, como dicen los abogados, pedir el amparo de la justicia federal en contra de una resolución del ifai, y me ampararon, pero el ifai recurre, y argumentamos, y me dan ampara definitivo y hay tres más por las que deberé ampararme y, si publico para nadie pido información para menos. [Por cierto, al señor, señora, señorita, joven, don o doña que deja algunos comentarios mentando de Ladrón a quien parece no caerle, olvídese, cantimenos si el comentario es anónimo, cuantimás que esos asuntos se prueban y, la verdad, no es menester aquí, digo...] De grande, pienso, quisiera ser como Martha Peirano o como Heriberto Yépez, pero como ya me llegó la edad, no podré en muchos años... Aunque, de acuero a la definición de persona del elevador al que subí hoy día, donde 12 cabían a gusto, casi podría ser ambos, pues soy como 1.80 personas, nada mal para un alicantino mexicano... El miércoles haré visita hospitalaria y volveré a la vida civil de las palabras, espero...
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