James Gleick nos dice cómo publicar sin morir en el New York Times:
Regresa a la inveterada idea de que un libro, impreso con tinta sobre papel desacidificado por mor de la eternidad, es asunto de belleza. Hazlo tan bien como puedas. Todos lo atesorarán.
Editar, entonces, se vuelve asunto más artesanal. Publicar, asunto de industria, cosa masiva [¿caballero?], asunto de dinero...
Sobre el arte de editar e incurrir dichoso en las erratas, entre otros menesteres de los libros, su gozo, su hechura y algunos ensayos sobre variopintos temas.
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jueves, diciembre 04, 2008
jueves, diciembre 07, 2006
Cara de Alfonso
Por alguna razón, que imagino, desde luego, pues hubo Alfonso Herrera famoso y callejuelo ahora, me han nombrado y me mientan como Alfonso, pese a Alfredo. Lo primero que en mi vida publiqué, hace muchos abriles, en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica, otrora casa muy otra de la edición exacta y parsimonioso, pusiéronme, como sino, Alfonso. Ricardo Ortega, el muy diestro según deja ver su blog A caballo artes del libro, me nombra Alfonso, pero en su caso ¿cuál cara sino la tipográfica? Sea, tengo cara y alma de Alfonso, nombrado Alfredo, consejero de los duendes desde siempre.
Conocer a alguien diestro e inteligente, incluso en estas virtualidades, siempre es un acontecimiento. Miles de gracias y sin número de parabienes don Ricardo.
Conocer a alguien diestro e inteligente, incluso en estas virtualidades, siempre es un acontecimiento. Miles de gracias y sin número de parabienes don Ricardo.
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