sábado, marzo 18, 2006

Precio único

El senado aprobó por unanimidad la ley de fomento a la lectura, por unanimidad... Reflexiono. Soy una nulidad para los queveres y meandros políticos, daba por sentado que nunca aprobarían la tal ley por las próximas elecciones. Además, estaban muy felices los senadores, asunto mucho menos sospechado.

Los comentaristas económicos, todos, están en contra. El precio único lo único que logrará será elevar los precios, dicen. Hay que fomentar la competencia, el precio único la inhibe, dicen. Los únicos beneficiados serán los editores, dicen.

En México hacen falta librerías. Por años se protegió a la industria papelera nacional (muy mala, por cierto) y no se hizo nada por la editorial, muy buena en ese entonces. Con los tratados de libre comercio y la falta de apoyo a las editoriales (se eliminaron todos los apoyos fiscales) y ante el ideal de competencia, las librerías cerraron, como algunas editoriales. Ahora, como es más barato editar, renacen un poco las editoriales, pero las librerías desaparecen y desaparecen. El problema es, por un lado, la diversidad de títulos, es decir, el surtido, y los descuentos. Una librería pequeña no puede competir con descuento, pues compra poco. Sanborns, como gran superficie, no da descuentos, pero su oferta es muy reducida y muy unificada. Las grandes librerías dan entre el 30 y el 25 por ciento de descuento, lo que ha propiciado un aumento en el precio de los libros para aguantar los márgenes de hasta el 70 por ciento para el distribuidor. Con el precio único, deben bajar los márgenes de descuento. Así, como en otros países, se ofrecerá el 30 por ciento al librero, máximo el 40, y el distribuidor se llevará entre 50 y 55 por ciento.

A la larga los libros deben bajar de precio, pues no hay que inflar el precio para ofrecer descuentos al lector en librerías. Y, lo más importante, el libro valdrá lo mismo y no será necesario ir en busca del mejor precio a ciertas librerías.

Falta la aprobación en la cámara de diputados, falta el reglamento. Ojalá haya suficientes apoyos para la creación de librerías, asunto fundamental para la diversidad y la lectura.

Queda pendiente el asunto de las bibliotecas, pero es un paso importante.

Recuerdo ahora la librería Barma, muy cerca de mis correrías de niño y adolescente. Refugiado español su dueño, tenía el gusto por el buen surtido y los libros poco comerciales. Descubrí en ella a León Felipe, editado entonces por Finisterre, a Gabriel Zaid, a Cortázar, a Octavio Paz, y claro, a Stendhal, a Hesse, a Manuel Alvar y la poesía safardí, a Juan Valera, a Casona, a García Morente, al buen Kant, a Sartre, a tantos y tantos, y tantas y tantas editoriales, de la Porrúa a Latitudes, de Carlos Isla: las traducciones que hizo Paz de Mallarmé, Zaid de Vidyapati, las Cosillas para el nacimiento de Pellicer, La Sangre de Medusa de Pacheco, en fin. Recuerdo, en vitrina, Poemas en el regazo de la muerte de Isabel Fraire... Una gran librería, perfecta para ese lector en ciernes que era yo... Tardó en desaparecer, pero lo hizo hará unos seis años, y me pareció una pena enorme. Quizás el precio único permite revivir esas librerías, ojalá...

2 comentarios:

René López Villamar dijo...

Me da gusto encontrar tu blog, buscando comentarios sobre el precio unico del libro.

Una pregunta al marge. Por que tu blog no tiene feed?

Alfredo Herrera Patiño dijo...

Mil gracias. ¿Por qué no tenía feed? Porque no tenía idea de que exstía. Ya active el asunto.

Alfredo

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