martes, febrero 12, 2013

Sobre la naturaleza de las cosas digitales



¿Cuándo dos libros son el mismo libro? Digamos, dos ediciones distintas del Quijote son, en un sentido importante, el mismo Quijote. Cualquier edición en otro idioma distinto al español del Quijote es el mismo Quijote. Hay, pues, un sentido de mismidad que no depende de nada más que el ser la sucesión precisa de palabras que es el libro. Lo que distingue las distintas ediciones y las distintas impresiones de la misma edición de cualquier libro es, curiosamente, cierta errata o cierto material o cierta técnica. Quienes saben de Dickens verifican la página 16 de la primera edición de una de sus obras para saber si se trata de la primera impresión de esa primera edición o una impresión posterior. Buscan una errata. El ISBN identifica, precisamente, la mismidad de los libros. En el ejemplo de Dickens, las distintas impresiones de la primera edición llevarían, según los criterios actuales, el mismo ISBN por diferir en casi nada entre sí. Para el ISBN serían el mismo libro, para el coleccionista no.

El problema es para los lectores. Quien desea leer, por ejemplo, Pedro Páramo, no tiene demasiado interés en saber la historia de las distintas ediciones. Hay, pues, un sentido en el cual el libro Pedro Páramo es algo distinto de los ejemplos concretos. Un libro platónico, si se me permite. La sucesión exacta de palabras que es Pedro Páramo. Ese libro, ese metalibro, tendría un metaISBN. 

En el caso de los libros digitales el asunto es mucho más sencillo y mucho más complicado. La sucesión exacta de palabras que es Pedro Páramo está señalada por medio de marcas para desplegarse de distintas maneras en distintos dispositivos, pero la sucesión exacta de palabras es la misma. Todas las ediciones son la misma edición, aunque el marcado de esa sucesión tenga variaciones. Un libro digital es, pues, una sucesión ordenada de ceros y unos que se actualiza en cada dispositivo por medio de reglas especificadas de antemano. Por eso es tan importante disponer de reglas de marcado neutras y eliminar los candados. 

Muchos reflexionan desde la abundancia. Disponen de bibliotecas públicas, de bibliotecas universitarias, de librerías, de sistemas de distribución modernos. Para quienes reflexionan desde la facilidad para leer muchos libros encerrarse en un sistema (Amazon, iBook, Adobe) es un asunto grave. Quienes reflexionan desde la escasez, un sistema cerrado que permite la lectura de mucho libros, otrora imposibles de conseguir, es el paraíso. Recibir los libros por correo fue, para muchos de quienes leemos desde la escasez, una avance notable. El libro electrónico derribó fronteras. Seguimos en la fiesta lectora.

Comprar cualquier libro desde cualquier lugar del planeta. ¿Quiénes pueden ofrecer un acuerdo de ese talante? Barnes & Noble, por ejemplo, odia a quienes vivimos fuera de Estados Unidos. Literalmente. Todo, absolutamente todo, es imposible si no se es ciudadano o residente norteamericano. Apple no se ha quedado atrás. Después de años, años, de poder comprar libros en Amazon, tiene meses que se pueden comprar en iBooks. Los editores españoles también odian a quienes no somos peninsulares. No nos dejan comprar lo que queremos donde queremos y de la forma que queremos. Y nos quieren vender caro, muy caro. Todos y cada unos de sus libros.

El mercado de libros usados es, ha sido, una salida para quienes desean leer pero no disponen de suficiente dinero para hacerlo.  Sea por la razón que sea. Impedir, por ejemplo, que se compren libros de texto en Asia para revenderlos en Estados Unidos nos permite ver cuál es el problema. Un libro no es el mismo libro para asuntos de mercado, así de sencillo. La mismidad debe pasar, necesariamente, por la substancia del precio. El libro asiático es el mismo libro que el norteamericano si valen lo mismo, valga, si le paga el vendedor lo mismo a la editorial norteamericana. De otro modo, no es el mismo libro. 

Amazon obtuvo una patente para vender libros electrónicos usados. Todos, a una voz, dijeron: ridículo; ¿así de idiotas somos?; lo que nos faltaba. Amazon lleva ya muchos años demostrando que entendió a la perfección lo que es un libro y para qué sirve. Un libro es una sucesión precisa y única de palabras ordenada para leer. El lector quiere poder leer el libro que desea leer en el momento en que lo desea a un buen precio (no necesariamente el menor). Algunos quieren ediciones específicas, la mayoría no. Los lectores quieren el mayor catálogo posible, más es más, no menos. Encerrarse en un sistema como el de Amazon no es, para la mayoría de los lectores, un problema; ni siquiera una limitación. Es una liberación.

El paso al libro electrónico fue inevitable. Dar mayor rapidez y, con ello, mayor satisfacción al lector, sólo es posible por medios instantáneos. ¡Quiero ese libro ya! Amazon vende los mismos libros que vendía antes. 

¿Y la patente? Muy sencillo, para Amazon el problema es el de los libros electrónicos que sus lectores, subrayo, sus lectores (de Amazon, en pasado, en presente y en futuro) han comprado en otros sistemas cerrados. La mejor manera es abrirlos y, de nuevo, estará dispuesto a perder dinero. Les dice: venda sus libros usados de Amazon a otros de Amazon. Pero más importante: venda sus libros electrónicos encerrados por Adobe o por cualquier otro sistema a cualquiera en Amazon o en otro sistema. Intenta, creo, romper el DRM de manera legal y quedarse con los lectores dándoles lo que quieren: libros para leer. 

martes, diciembre 18, 2012

¿El aburrimiento mediado por computadora?


En el año del señor 2007 se patentó un sistema para escribir, promover y distribuir material bibliográfico, los antes llamados libros.

Los libros se escriben de acuerdo al formato deseado. De hecho, el libro puede escribirse sobre pedido. En cualquier idioma deseado.

El costo de producir cualquiera de tales libros es de 30 centavos de dólar. 

Al día de hoy Amazon lista 106591 títulos escritos por este sistema. Todos disponibles en papel, pocos en electrónico.

Su siguiente reto: escribir novelas románticas.

La creación automática de contenidos.


En el año del señor 2008 un programa de computadora escribió su primera novela.

El programa lo desarrolló una editorial.

Amor verdadero, la llamó. Variación de Anna Karenina, pero con el estilo de Haruki Murakami.

Tardó 72 horas en escribirla, a partir de las obras de Tolstói y las traducciones rusas de Murakami.

Los personajes se encuentran de pronto en una isla desierta, padecen amnesia. Saben quienes son, pero no recuerdan si están casados.

Tampoco recuerdan si tienen hijos. Tienen la oportunidad de rehacer sus relaciones. De eso trata la novela.

Algunos autores comentan que ningún programa nunca podrá substituir a los autores reales.


Sigue: creación de avatares para que nos lean las noticias escritas por programas de computadoras de acuerdo a nuestros intereses.

Variaciones al infinito de la misma historia.

En algunos lustros se mirará con desconfianza al autor que sepa escribir sus historias. 

Como ahora se mira con extrañeza a quien sabe extraer la raíz cuadrada de un número usando lápiz y papel.

Las grandes librerías querrán desplazar a los grandes grupos editoriales.

Los grandes grupos editoriales querrán desplazar a las grandes librerías.

Los grandes autores querrán desplazar a las grandes librerías y a los grandes grupos editoriales.

Las editoriales querrán desplazar a los autores.

Los autores querrán desplazar a las editoriales.

Muchos lectores sólo querrán divertirse.

Algunos pocos, por el placer de entender.

Algunos pocos, por estar en los zapatos de otros.

¿El aburrimiento mediado por computadora?

¿El aislamiento mediado por computadora?

¿La soledad mediada por computadora?

El final de la ironía, de la sutileza: el reino de la literalidad.

¿El reino de los lectores profundamente superficiales?

¿Y si liberamos a los libros del comercio?




domingo, octubre 14, 2012

Q

La Q es la letra que se permite más caprichos, dado que el elemento que la caracteriza es la facultad de menear el rabo a gusto.

Italo Calvino

lunes, octubre 01, 2012

La comercialización de los libros dejó de ser el objetivo de la comercialización de los libros


La comercialización de los libros dejó de ser el objetivo de la comercialización de los libros.


No es la impresión la que se volvió obsoleta, es la tipografía. 

El tipo móvil, de pronto, se volvió estático. Inamovible. 

La tipografía permitió fijar el texto, volverlo el mismo texto para todos los ejemplares. 

Nadie lee dos veces el mismo libro dejó de ser metáfora.

Si quieres que la pantalla parezca una página no has entendido el libro electrónico.

Ya hay aplicaciones para eliminar el formato de los textos en la web, quitarle la basura. Pronto las habrá para los libros electrónicos.

Así es, basura. Para muchos tu codificación estorba para leer. ¿No es claro?

Así es, todas las especificaciones que tan laboriosamente haces se evaporarán. El lector leerá como se le dé la gana.

¿En verdad extrañas las cursivas en Twitter? ¿Todos los días?

La rentabilidad migró, y se nota.

Si crees que el problema es la visibilidad de los libros tu problemas es que quieres que te vean, no es que quieras ver.

Si preguntas aquí: ¿qué significa tal palabra?, ya sabemos cómo buscas los libros…

Leer fue, es y seguirá siendo minoritario. Antes era arduo y difícil, ahora no.

¿Defiendes el libro, defiendes tu profesión, defiendes tus ingresos o defiendes tus intereses? 

Si los autores no necesitan ya de las editoriales, las editoriales van a prescindir de los autores. Asumamos las consecuencias.

Si tu mejor propuesta es seguir haciendo los libros como se hacían hace un siglo…

Tipografía + vanguardia = publicidad. La historia del siglo XX.

Defender al libro significa defender a los lectores.

Que cualquiera pueda leer cualquier libro en cualquier medio en cualquier momento es la utopía.

jueves, septiembre 20, 2012

8. ¿El acceso absoluto elimina el valor?


¡Filtros, filtros, filtros, necesitamos filtros!, nos dicen una y otra vez quienes defienden la superioridad moral del papel negando su dignidad. ¡Qué alguien nos diga si lo que se publica es bueno! Pues sí, quieren una guía y la guía no existe y, por desgracia, no existirá. 

En burlas veras decía sobre el simposio malhadado, segundo él, que necesitan saber de antemano si un libro es bueno o malo porque temen que les vaya a gustar mucho algún libro malo. Claro, se habló de Joseph Philip Roth y Wikipedia. ¿No es el autor, decían, la mayor autoridad sobre su obra? Concedamos que sí, el problema, como bien señalada Cory Doctorow, es que la autoridad central en Wikipedia no existe, es una autoridad sin centro, cambiante. Necesita una fuente externa, en primer lugar, y secundaria, en este caso alguien distinto al autor. ¿Por qué?, porque es un proyecto comunitario. El resultado no es nada malo, debemos decir, aun cuando tenga sus asegunes.

¿Y los libros? Hay muchas confusiones. No creo que la proporción de libros malos haya aumentado en los últimos cien años. Sólo si no han ido a librerías podrán asegurar que la mayor proporción de lo que se edita es bueno. Seguimos con una actitud reverencial a lo impreso, como si fuera palabra sagrada. No lo es. Si está impreso sólo significa que está impreso. Ni es un texto condenado a perdurar por todas las generaciones futuras ni es tampoco un texto merecedor de conservación o análisis. Hay libros sobre cómo realizar viajes astrales, cómo prepararse para su siguiente reencarnación (nunca hay, al parecer, una primera), cómo elegir marido o marida, cómo deshacerse de su marido o marida y un largo y enorme etcétera.

Sabemos ha mucho que si un libro se vende en grandes cantidades no significa que sea malo, como también sabemos que si un libro no se vende nada no significa que sea bueno. Que a David Markson le hayan rechazado más de 54 veces su novela no significa que todas las novelas rechazadas sean obra de un genio.

Filtros. La educación y la salud se han encarecido, precisamente, para establecer un filtro. La publicación académica también (en lengua inglesa). 

Cuando iniciaron los podcast se decía que era el fin de la radio. No lo he escuchado, ese fin parece muy lejano. El problema, como en todo, no radica en la facilidad de publicar o no, el problema es que escribir, editar y publicar implican constancia y esfuerzo, que pierden muchos rápidamente. Muchos quieren dinero y buscan manera de vender su libro, como autores o como editores. 

Los lectores de Quevedo no son legión y nunca lo serán. Pero es muy bueno que cualquiera pueda leerlo y cualquier pueda editarlo. Descubrir autores interesantes por medio de Twitter o Facebook o la publicación directa es una maravilla que muchos prefieren ignorar.

La mayoría de las personas en el mundo no lee ningún libro al año, así de sencillo. Quienes leen son una minoría que, por primera vez, tienen acceso a muchos libros y a publicar muchos libros. 

Había y hay candado para que no se pueda leer (revisas académicas, libros digitalizados, libros electrónicos) y candados para que no se pueda publicar. Desaparecen, pues es imposible mantenerlos con los libros electrónicos. 

Hacer público no significa hacer público lo bueno o lo apreciado, significa hacer público lo que sea, bueno, malo o regular. La tentación de la censura es enorme y es peor cuando toma la forma de límites comerciales, defensa de derechos o salvaguardas ideológicas, religiosas, etc. El acceso absoluto no disminuye ni elimina el valor, lo restituye a su dimensión comunitaria, precisamente la preocupación de muchos.

domingo, septiembre 16, 2012

40 trinos sobre el libro electrónico


1. Hagan libro electrónico. Háganlo en Word si no conocen otro medio y conviértanlo. 

2. Repitan como mantra: la tipografía es una tecnología, las tecnologías se vuelven con el tiempo obsoletas. Superadas o poco pertinentes.

3. La extensión del libro tenía que ver con el papel y la encuadernación. El libro electrónico no es de papel, la extensión es libre, 1 o 10 000 páginas.

4. Si les preocupa el lado artístico del diseño, hagan arte y en sus ratos libres libro electrónico, aunque sea en Word. Luego aprendan a codificar y compilar y logren libros electrónicos realmente artísticos.

5. ¿Dónde pongo una ventana en una ventana? es una pregunta o muy profunda o muy tonta. El libro electrónico es una ventana…

6. Si a la pregunta de si leen en pantalla responden negativamente pero usan Twitter son un caso perdido...

7. ¿Por qué las bibliotecas [librerías, orfanatos, hospitales, paleterías,  congales, escuelas, aerolíneas] no editan libro electrónico? 

8. Las lápidas son para la posteridad y tampoco duran. 

9. /títutlo/El proceso/título/
Sí, así de "complejo" es el HTML5.

10. Entienda el HTML5 a la manera en que entiende el offset. Sabe qué hace, sabe incluso cómo lo hace, pero no podría operar una máquina. 

11. Tipografía digital es una forma de la nostalgia. El lector puede cambiar todo, acostúmbrese. 

12. Si no le gusta compartir, ¿qué hace en twitter?

13. Todo libro en papel es único, todo libro electrónico es el mismo libro. Esa es la diferencia.

14. Si le preocupa la rentabilidad vaya al banco o a las cámaras empresariales, como cualquier otra empresa. 

15. La mayoría de los escritores, como la mayoría de los actores, ganan poco dinero con su trabajo. Que algunos ganen mucho no invalida lo anterior.

17. Vean Don’t Fear the Internet para empaparse de HTML y CSS 

18. Vean PressBooks para hacer su primer libro electrónico. Hasta 5 es gratis. Ya pueden hacer los primeros 5.

19. Vean Scrivener  para hacer también su primer libro electrónico.

20. Al terminar este trino [me dio por lo cursi] comience su primer libro electrónico. En serio.

21. Si crees que la solución son becas y apoyo necesita terapia, consiga ayuda pronto.

22. Ya no queremos Simposio, queremos libro electrónico.

23. La mayoría de las editoriales desaparecen. Algunas en pocos años, otras en mucho años. 

24. Desde hace al menos 400 años hay editoriales, ninguna de las actuales tiene esa edad. 

25. En 1990 se pronosticó que en el año 2000 nadie haría negativos para libros mediante fotolito en México. Pocos lo creyeron.

26. En el 2000 se pronosticó que para el 2010 nadie haría negativos, todo sería directo a placa. 

27. En el 2005 se pronosticó que para 2015 toda la impresión de libros será digital. Hay quien lo duda. 

28. La mayoría de los libros serán #Libroelectrónico para el 2020. Mayoría significa: los leídos, los vendido, los comprados, los prestados, los comentados…

29. Cuando una tecnología se vuelve obsoleta y desaparece como oficio renace una generación después como actividad e clases medias con preocupaciones espirituales.

30. Vean Kindle Previewer 

31. Vean Calibre, no es lo mejor, pero sirve.

32. Vean Jutoh.

33. Si les proponen "formar" libro electrónico y les quieren cobrar por página un poco menos de lo que les cobran en papel, aléjense.

34. Los costos de traducir, corregir, cotejar, marcar, leer, son exactamente los mismos. 

35. Si lee ahorre y compre un Kindle  o un Papyre (unos 2000 pesos en México). Le saldrá más barato.

36. Su primer libro electrónico será probablemente horrible. Bórrelo e inicie con el segundo.

37. Si quiere vender libro electrónico debe ser una empresa, persona física o moral. 

38. Si quiere vender libro electrónico necesita ISBN y el ISBN cuesta. 

39. Amazon es una opción real. Investíguela. No necesita ISBN, no necesita ser empresa. 

40. Hay que ayudarnos. [Aquí ponía mis datos, que están en la cabecera o en el costado].

*  *  *

La solución es colaborar, la única forma de poder competir con los gigantes es colaborar, por eso están tan tranquilos.

miércoles, septiembre 12, 2012

7. ¿La rentabilidad es fundamental para los libros?


Si el libro tiene dignidad, decía, no tiene precio. Quienes defienden la superioridad moral del papel defienden, en muchos casos, el carácter absoluto del significado otorgado por el libro. La rentabilidad se torna esencial por el hecho de que editar es un proyecto. No hay editores de un solo libro. Y un proyecto necesita recursos. La tensión se torna extrema cuando asignan al libro electrónico el carácter de cosa material, simple estofa de comercio. 

El problema es doble. Por una parte el libro mismo como ventana al sentido, por decirlo así. Por otra parte la dignidad expresada en esa materialidad que, para sostener el proyecto, debe ser rentable. Vayamos por partes.

El libro es un objeto significante y logra serlo por medio de su materialidad medida y precisa. Es un objeto cuyas partes fundamentales, las páginas, despliegan su instrumento más preciado: la tipografía. La invención del tipo móvil y con él de las artes todas de la imprenta permitió crear una ventana a la comunidad. La tipografía nos lleva a los otros, pues los otros son el lenguaje fijado en la página. Inventó también al individuo como lo entendemos ahora. Permitió conectarse con otros por medio de esa ventana que es la mancha tipográfica. Bien lo decía Beatrice Ward, la buena tipografía es transparente, como una copa de cristal, como una ventana. Es un hecho fundamental. La tipografía significó el significado, permitió acceder al pensamiento y el sentimiento de los otros de una manera sistemática y permanente. Y lograr esa ventana fue históricamente costoso. La forma de hacer accesible esa ventana fueron el aumento de tirajes y los préstamos gratuitos: las bibliotecas. La justificación de la rentabilidad de las empresas editoriales (que fueron primero imprentas, luego librerías, luego editoriales) radicaba en la estética tipográfica y la nervadura de la que hablábamos antes. 

Las discusiones sobre la tipografía digital se tornan, a veces, delirantes y otras tristes. La ventana no se logra ahora por medio de la estética de la página, se logra con cualquier texto codificado, etiquetado, en una pantalla. Tan no es fundamental ya la tipografía que servicios por Readit son agradecibles. Leer como me sea más fácil a mí, no como lo decida ni el editor, ni el diseñador, ni… Quienes se quejan de la falta de precisión en los libros electrónicos son los mismos que se quejan de que no hay filtros, pues editar era filtrar y parece que deja de serlo. Ahora todos editan, sí, pero faltan muchos por editar. Pregunta sencilla, si no hay contenidos digitales suficientes en español: ¿por qué no comienzan las bibliotecas a publicar en electrónico? ¿Las editoriales universitarias especializadas? ¿Los maestros para los alumnos de su clase? Pensemos en los muchos contenidos de dominio público, ¿qué lo impide? Nuestras cárceles mentales, nada más.

Lo mismo con la rentabilidad. Ya no es necesario gastar mucho para lograr esas ventanas de sentido. En la biblioteca, en el salón de clase, en grupos de estudios, en apuntes específicos, en la edición gozosa (Ganso y Pulpo, por ejemplo) no hace falta hablar de rentabilidad. Porque, además, la rentabilidad desde el inicio estuvo unida al tiraje, a la cantidad de libros. Ya no existe el problema. ¿Editar para nadie? Sí, es posible y no es un problema. Editar para muy pocos. Editar para un momento. 

Parece pues que la dignidad no está unidad al precio. Quizá por primera vez. Lo que nos lleva a un lugar nuevo: el libro electrónico, cuando tiene dignidad, la tiene en verdad. Claro, puede venderse, pero también puede regalarse o liberarse.

 Digámoslo de una manera mucho más sencilla: por primera vez es posible editar sin necesidad de vender lo editado. Publicar, hacer público, sin necesidad de pasar directamente por el comercio. El proyecto Gutenberg señaló un camino, Unglue.it señala otro. Debemos inventar muchos otros.

¿Por qué no hay ninguna biblioteca en lengua española que tenga proyecto editorial electrónico? Me es un misterio. Pensarán que debemos ir a la página a leer y no podemos llevarnos los libros y tenerlos. ¿Por qué? Porque no se han enterado de la dignidad del libro electrónico.

miércoles, junio 20, 2012

6. ¿Deben existir fronteras para los libros?



El día de hoy los libros no pueden pasar fronteras libremente. Si viejos, por sus bichos perniciosos. Si nuevos, por sus tintas púmbleas. Si lejanos, por falta de invitación escrita. Si cercanos, por no declarar su procedencia. 

Hubo un tiempo cuando los libros eran buenos mensajeros. Creada la Unesco, el libro representó todo lo bueno que la humanidad tiene. Parte de la operación para restañar las heridas de la guerra mundial fue capitaneada por la Unesco al propiciar muchos y buenos libros. Una extraña antología de la poesía mexicana realizada por Octavio Paz y Samuel Beckett al alimón da testimonio de las muchas y buenas antologías realizadas. Además de que dio trabajo a muchos escritores que no tenían manera, después de esa guerra, de ganar el pan.

Estados Unidos y Rusia financiaban ediciones e intentaban que sus autores y sus libros tuvieran peso y presencia en los países de su interés. China es el último país que lo hace con ese celo ideológico. Pero ya no con demasiado éxito.

A veces los libros son víctimas colaterales, digamos, de otros problemas económicos. En la época de los tratados comerciales los libros tienen problemas para pasar fronteras. Lo peor, los libros electrónicos no pueden viajar tranquilos. Todo se deshace en las manos. ¿Dónde se produce un libro electrónico? ¿Se produce? ¿Cuál es su país de origen? ¿Cómo pasa una frontera un libro electrónico? Los límites, por ahora, los ponen los cancerberos digitales y les preocupan más los derechos de autor que cualquier otro derecho. El dinero, pues. 

La Unesco buscó que el precio del transporte de los libros fuera barato, pugnó por tarifas preferenciales de correo en todos los países del mundo. Ahora calla. Mientras no exista una acuerdo general racional sobre los derechos de autor imponemos fronteras inexistentes a los libros. ¿Dónde está la Unesco? En Europa, debo responder y esa sería toda la respuesta.

Pasamos del ideal regulativo de la libre circulación de las personas, las ideas y las cosas a la muy extraña libre circulación, no del dinero, de las utilidades de todos los dineros. 

¿Por qué las editoriales universitarias públicas, las editoriales estatales, los proyectos internacionales no liberan libros transfronterizos? Porque no les interesa la libre circulación de las ideas, cuantimentos de los libros físicos o metafísicos, les interesa el prestigio, el escalafón y los puntos académicos. Sencillo: su dinero.

Amazon parece libertario por eso mismo, nos dice que cualquiera debe poder vender su libro. Insisto, subrayo, canto sobre las cursivas señaladas: vender. El proyecto Gutenberg o el Internet Archive dicen algo muy distinto: cualquiera debe poder leer los libros. Todos los libros. 

En tanto mercancías, los libros de papel sufrían las mismas restricciones que las demás mercancías, con el añadido de que eran censurados y evitados por cuestiones nada comerciales. Algunos libros no podrían leerse en ciertos países. Sigue sucediendo y la censura, ahora, pasa por internet.

La frontera, ahora, es global. Todo es frontera, lo que nos produce un efecto paradójico. Podemos acceder a todo siempre y cuando todo produzca dinero a alguien. La nueva frontera es económica y los derechos de autor se convierten en su visa. Hay que distinguir entre pagar regalías por copia vendida (incluso prestada, incluso regalada, siempre y cuando sean regalías justas) e impedir la publicación o circulación por cuestión de regalías. Retribución contra censura. Frontera contra prisión.

Amazon aplica a los editores sus propios conceptos y los vence en su propio terreno. Les dice, nos dice, voy a regalar libros y para que no vociferes te voy a pagar como si los vendieras, al precio que me indiques. Como si le vendieran sogas para que los ahorque. Como decirle a Rowling, nada más tienes Harry Potter, yo tengo a los lectores y a los compradores…



viernes, junio 15, 2012

5. ¿La educación a partir de los libros de texto es la única posible?

La educación es una perversión, una desgarradura. Nos lanza al mundo por medio de sus símbolos más queridos, más deseantes: el alfabeto todo. La imprenta inventó el analfabetismo, el analfabetismo la infancia. Antes del mundo impreso la infancia acababa con el trabajo, al cual se entraba tan pronto se pudiera seguir una orden y realizar una labor. Enseñar a leer y a escribir se volvió un derecho, después, como casi todos los derechos, se volvió una obligación. Saber leer y escribir es una obligación ciudadana, la educación se vuelve necesaria y con ella nacen las escuelas y las bibliotecas públicas.

La educación desgarra, también, al individuo. ¿Educamos para que el individuo sirva a la sociedad o para que florezca como individuo? ¿Educamos para la sociedad, y nos guían las necesidades de la producción y reproducción física y simbólica o para el individuo y pueda ensanchar su mundo y sentirse bien y fluido? En el delirio la educación fanática: servir a la sociedad con convicción absoluta, ser individuo al eliminarse.

Claro, la educación se convirtió, cuando pocos sabían leer y escribir, en ascenso social. Cuando pocos eran profesionales, en éxito asegurado. Todo ello ha cambiado. Las escuelas de oficios desaparecen, ya nadie enseña para las manos, la educación debe ser necesariamente simbólica y el trabajo también. La migración se explica, pues, de los países menos alfabetizados a los más alfabetizados. El migrante trabaja con las manos.

El libro de texto representa pues la educación. Ir a la escuela es recibir libros o tener acceso a los libros que representan el saber y sólo por medio de esos libros puede llegarse al saber. La teoría científica, incluso, queda expresada mejor en el libro de texto. La nervadura sostiene y se alimenta del libro y del diploma y la certificación. Joseph Henry Vogel propone en el delirio que sólo quien pague por el libro de texto tenga acceso a ciertas páginas protegidas con valor para la clase de tal manera que quien no pague tendrá una calificación menor. Nada refleja mejor la idea: darle dinero a los editores es bueno para la academia, nos dice.
Amazon, Apple y, desde luego, los editores de siempre, desean crear un nuevo centro para la nervadura educativa. Sólo a través de contenido centralizados tener acceso a la educación.

La desgarradura parece ser nueva: diversidad o uniformidad.

La dignidad de los libros de texto no puede residir en su precio. La bibliotecas públicas, gratuitas, fueron y han sido fundamentales para la dispersión del conocimiento. Debe existir educación pública, debe existir educación gratuita. ¿Defender la nervadura?

El modelo anterior, la nervadura del papel, ha demostrado su absoluto fracaso. Cada día, como humanidad, estamos más educados y, pese a ello, somos más idiotas. Cambiemos. Vean los cursos en línea del MIT o de Yale. Estar ya no es ser. Vean la gran cantidad de videos en tutubo sobre cualesquera actividades oficiosas. Resolver dudas de casi cualquier oficio es sencillo y directo, pero no está sistematizado y podría estarlo.



[El hilo de la discusión:

¿La superioridad moral del papel?

1. ¿Los libros no pueden ser tan baratos?

2. La normalización del discurso

3. La alteridad como investigación de mercado

4. ¿Quién controla las publicaciones académicas? ]

 

 

 

 

domingo, junio 03, 2012

4. ¿Quién controla las publicaciones académicas?


Las publicaciones académicas fueron pioneras de la edición digital. Las importantes, las de mayor peso. Eliminaron costos y aumentaron precios, así de sencillo. Es el paraíso para sus dueños. El contenido lo generan los investigadores, pagados por sus universidades e institutos, ayudados con becas y fondos especiales. Lo evalúan otros investigadores pagados de la misma manera. Y, en el colmo, el proceso editorial, con una que otra ganancia, es pagado en muchos casos por los propios investigadores o sus instituciones. En ciertas disciplinas realizan el trabajo los propios investigadores por medio de TEX y pagan a la editorial pese a no hacer nada. Hasta ahora la editorial no ha gastado un centavo. Luego, venden suscripciones en grupo, caras hasta lo indecible. Lo mismo suceden con los libros académicos, en mayor o menor medida. Libros caros, por arriba de 100 dólares para las ciencias sociales y caros al extremo (varios miles de dólares) para las ciencias exactas.

Su contrapeso es el acceso abierto, pero enfrenta un problema sensible. La forma de conseguir dinero para la investigación depende del número de publicaciones y citas en las revistas académicas de mayor jerarquía, la cual, en general, no permite el acceso abierto. Luego entonces publicar en revistas de acceso abierto lleva a no ser leído por casi nadie lo que significa no recibir apoyo.

Curioso, las ediciones así hechas siguen la dinámica del papel, porque la nervadura dependía del correo y lograron algo cercano a la teletransportación, cuando todavía imprimían en papel. Dan acceso por medios digitales y el investigador imprime para leer y anotar. 

Todo para hablar de los libros escolares. Ese saber es sancionado en los libros académicos por medio de pares y tiene controles bastante confiables, aunque no perfectos. En el caso de los libros escolares la sanción proviene en general de algún ministerio o secretaría. En México la propia secretaría sanciona, elabora y produce los libros de texto gratuito para primaria y licita los libros para secundaria. 

La enciclopedia representaba de la mejor manera la sanción del conocimiento. El libro, como tal y con toda su estructura de papel encuadernado, representa el conocimiento y el acceso a ese conocimiento a lo largo de todos los ciclos escolares, desde el inicio hasta la universidad. Lo que hacía que la calidad de una universidad pudiera medirse por medio de su biblioteca.

La sanción, desde luego, es fundamental, porque lo es la ciencia y los libros escolares son un puente a esa ciencia. Pero esa sanción se ha desplazado de la ciencia misma al comercio y es, entonces, cuando peligra la ciencia misma. Desde quién pagó una investigación hasta quién pagó los libros de texto. ¿Por qué no podemos, ni debemos, enseñar que la tierra es plana? 

Bordo sobre la dignidad y el precio. Sostengo pues que quienes atribuyen dignidad a los libros en papel contra el carácter material de los libros electrónicos incurren en paradoja. Tienen dignidad porque tienen precio y tienen precio porque tienen dignidad. Intento, por medio de esos apuntes, destrabar la paradoja y buscar una salida.

sábado, junio 02, 2012

3. La alteridad como investigación de mercado

La normalización significa, también, la creación de un discurso anormal o disidente o periférico. Si no todos pueden vender los libros no es sólo, y obvio, que no todos pueden leerlos, implica la creación de un espacio de alteridad, alteridad que define lo normal al estar fuera. La pornografía blanda, por usar la terminología al uso, por ejemplo, estaba dentro de los límites, en la frontera, pero con carta de ciudadanía del centro. Lo mismo ciertas disidencias.

Los últimos 60 años al menos hemos visto los caminos de los significados más externos. La normalización del feminismo, de los movimientos LGBTTI, de los verdes, ahora de los piratas. Lo que, por decirlo así, estaba fuera del discurso se convierte en uno de sus centros. La normalización, pues, implicaba un centro hasta que, al integrar tanto, ahora hay una multitud de centros.

Las perversiones de ayer son los mercados de mañana es el eslogan claro de quienes quieren solamente vender y viven en el centro. Claro que al no existir un solo centro las cosas han cambiado. La normalización implica también la imposibilidad, en principio conceptual, de encontrar otras manera de comercializar. Así les ha ido a quienes no desean el cambio.

Curioso, los libreros españoles demandan a Amazon por la sola razón de que no tienen manera de competir y, como no pueden competir, suponen que el otro viola la ley. ¿Más normalizado? No hablemos de regalar los libros o de permitir leerlos por vía de suscripción. Si cualquiera puede vender libros, no en tanto potestad sino en cuanto hecho mismo, la necesidad de espacios dedicados desaparece. Sorprende, en verdad, la casi ausencia de proyectos colaboradores para crear una alternativa a Amazon. B&N defiende su mercado anterior, cambia para intentar seguir igual. Pensemos en Google Books. Primero digitalizó y ahora, lo que es dominio público, intenta venderlo. HP ensayó vender ejemplares impresos de lo mismo. Volvemos, pues, al asunto de la nervadura.

El caso extremo, patológico, es vender un libro en cero. El proyecto Gutenberg fue, en ese sentido, el inicio del cambio fundamental de la manera de vender libros. (Venta en tanto puesta en circulación, pues la nervadura anterior implica que la única manera se da por la venta, pues la biblioteca pública presupone la compra de libros). Entre los ejemplos recientes: Ganso y Pulpo, Unglue, 24symbols, Red Lemonade. Amazon, parece, ensaya lo mismo: vender suscripción a su servicio premium y pagar
por descarga al autor o a la editorial  un cantidad mínima. ¿Qué significa que proyectos opuestos y antagónicos ensayen lo mismo? Debemos pensarlo a fondo. Ensayo: los libros ya son periferia...

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