sábado, febrero 18, 2006

Herederos de Cervantes demandan a Walt Disney

Ansina, Mensa. Kokoro, Jap.
19 de febrero.

De forma por demás inesperada, los herederos de Cervantes, después de años de litigio para acreditar que los señores Sinataro Mokihona y Manitori Sonitora son los reales herederos de los derechos de Miguel de Cervantes Saavedra, han demandado a la compañía Pixar, ahora parte de Walt Disney, por plagio, habida cuenta, según ellos, del claro robo de la historia de su antecesor en la película Toy Story. En sus alegatos, sobresale el peritaje del doctor Bruce R. Burningham de la University of Southern California, que señala sin lugar a dudas que, de acuerdo al estudio dactiloscópico y logográfico de la tal película, quedan claras las huellas de la obra del escritor con capacidades diferentes de un brazo (aka, el manco). El peritaje está disponible para consulta a quien quiera verlo, lo cual también ha dado lugar a varias acres discusiones en torno a la secresía de las opiniones de los peritos. El juez ha dictaminado, sin embargo, que es del todo admisible un peritaje como el del señor Burningham, independientemente de que lo haya publicado en la sociedad de estudios sobre la obra del ancestro de los demandantes, pues no hay prueba alguna de que ellos sean quienes financian esa sociedad, aunque ya se ha pedido informe de los estados financieros de la sociedad, de la Universidad y del propio Burningham. Extrañamente, el juez no ha pedido los estados financieros de los señores Mokihona y Sonitora. A esta hora ni los directivos de Walt Disney ni los de Pixar han fijado su postura sobre el tema.

Pero no sólo termina ahí el litigio, Mokihona y Sonitora prometen poner de cabeza la industria editorial y de comunicaciones mundial, pues aseguran ser herederos mismos de Adán y Eva y, como representantes de la divinidad en la tierra, preparan una enorme demanda por regalías no liquidadas en contra de todas las ediciones de la Biblia, desde la primera de Gutenberg. Los ejecutivos de Hollywoood ya preparan las contrademandas a la espera de la batalla que vendrá por todas las películas sobre el tema. En México resaltó la noticia, dada por algunos empleados del Fondo de Cultura Económica que prefieren el anonimato, no por temor a represalías, sino por puro gusto personal, que hace más de veinte años el señor Sonitora se presentó a la caja a cobrar las regalías de todas las citas de la Biblia hechas por la editorial. Nadie lo tomó en serio, por política de la empresa, de no tomar en serio a nadie que vaya a cobrar, y el incidente quedó en el olvido, hasta ahora.

Corre el rumor de que han iniciado también trámites para registrar como marca comercial no sólo Cervantes, Manco, Lepanto, Quijote, Sancho y Dulcinea, sino Biblia, Andán y Eva, y un larguísimo etcétera. Al parecer Onán, Onanismo, Sodoma, sodomita y María Magdalena no les interesan. Ya han tenido acercamientos con Jean Claude Sanè sobre una demanda nueva en torno a William Shakespeare.

El experto en derechos de autor, en este caso mujer, la licenciada Patricia Spiridónila, ha dicho que se ven tiempos difíciles, pero no especificó la razón. (Esperamos que no sea por llamarla experto).

1 comentario:

Odd Librarian dijo...

Siempre he tenido la sospecha de que el libro (y su epígono el cine) eran inventos demoníacos. Ayer hojeaba yo la biografía de Goethe escrita por Rafael Cansinos Assens, y encontré una referencia que me lo recordó: por lo visto en el Siglo XVIII existió en Alemania una confusión estupenda entre el Doctor Fausto (Johannes Faust) quien pactó con el mismísimo Mefistófeles "para satisfacer sus antojos pecaminosos" y el impresor incunable Johannes Fust, primer oficial de Gutenberg en los años de trabajo en secreto antes de la publicación de la Biblia de las 42 líneas (¿1455?), que no sólo le traicionó con el capitalista Schoeffer, sino que publicó con éste y bajo nombres de ambos el Psalterio de Maguncia. Fust y Schoeffer llevaron a juicio a Gutenberg, ganaron, le deshauciaron, y le robaron el secreto, pero no la fama y la posteridad. Fust fue acusado de herejía (el Psalterio estaba impreso a tres colores con una perfección técnica no recuperada hasta el Siglo XIX) y tuvo que huir de Maguncia y cambiar de nombre. Pero hablando de cambio de nombre: para completar el embrollo, se piensa que el mefistofélico Doktor Faustus, checo de origen, de Kutna Hora (Bohemia), cambió su nombre al verse perseguido por los bohemios al germanizado de su apellido: Kuttenberg. ¿Eran Gutenberg, Fausto, y Fust un mismo hombre en distintas figuras? Cagliostro, otro mefistofélico, era capaz de "estar" en dos personas al mismo tiempo, en dos ciudades diferentes de Europa. Regalo el argumento de la novela best-seller.
De nada.

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