martes, septiembre 23, 2008

Tecnología y decisión

Clara paradoja, sin duda, la falta en bodega de los libros que más se venden. En rigor, los libros que se venden son los que no permanecen en las bodegas, pues, precisamente por venderse, tienen una salida mucho más rápida y en mayores cantidades. Los libros que permanecen en las bodegas, son, por regla general, los que no se venden. Claro, hablo en el largo plazo, no en el inmediato. Pero esa tendencia, digamos, funciona con la impresión de millares. La tecnología del linotipo obligaba a imprimir entre dos y cuatro mil ejemplares para dividir entre esos todos libros el costo, alto, del fundido de la tipografía. El cambio de tipografía permitió sólo considerar el costo de negativos, pues era igual o más alto que el de la tipografía, había pues que dividir entre menos ejemplares. Ahora, cuando casi todas las editoriales pueden hacer sus propias tipografías o pagarlas con facilidad, pues las computadoras han vuelto muy accesible su precio, no es necesario dividir entre miles, quizás sólo entre cientos y, a veces, ni eso. Se divide entre el año entero, es decir, se cambia el costo de la tipografía de la parte variable a la fija, valga, se establece un presupuesto anual de salarios e insumos para producir x títulos con un tiraje mínimo de z y de ese modo no incide en cada ejemplar no vendido. Pues la falla del método anterior era dividir entre todos los ejemplares, vendidos y no vendidos, lo que llevaba las utilidades, en muchos casos, a los ejemplares no vendidos, es decir, llevaba las utilidades a la bodega. Simple, las utilidades se habían gastado antes de generarse, lo que un mi pueblo llaman los optimistas inversión y los realistas pérdidas. Ahora, con ediciones mínimas o de tiraje reducido, que no son lo mismo que las ediciones bajo pedido o sobre demanda, la propia tecnología obligará a imprimir lo que se vende, pues si se vende se acaba y el faltante salta a la vista de manera inmediata. Claro, lo mismo podía hacerse antes, pero el problema era que para reimprimir había que hacerlo en miles, y la demanda ya era quizás de cientos. Sorpresa para mí, ahora que vendemos directo, es cómo cuadran las cifras. Si dejábamos, digamos, 10 ejemplares a consignación, pasados 60 días se reponían entre 2 y 4 ejemplares, en la mayoría de los casos. Ahora vendemos directamente entre 2 y 3, y reponemos, pasados 60 días, otros tantos, lo que nos lleva a vender los mismos ejemplares sin costos de consignación, lo que nos permite no tener devoluciones y, lo más importante, no tener que invertir tanto en la producción. Funciona, desde luego, en ventas pequeñas, no es un modelo para las editoriales mayores, lo cual me convence más, pues preciso un modelo distinto.

Sigo en el análisis por página, hay datos realmente interesantes, pronto comenzaré a ponerlos en estos lares. Paciencias franciscana, desde luego.

1 comentario:

René López Villamar dijo...

Gracias por esta nota, que me ayuda a dejar claras algunas cosas.

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